denunciar a un abogado de oficio

denunciar a un abogado de oficio

¿Pensando en denunciar a un abogado de oficio?. Antes de nada, bienvenido a nuestra página web. Para nosotros es un honor tenerle con nosotros.

Como dice el dicho popular, “Solo se le rompen los platos, a aquel que los maneja”, pero ¡Claro!, “El que rompe paga y el que ensucia limpia”. (Tratemos de quitar algo de hierro al asunto).

Si efectivamente se observa que el abogado no ha efectuado su trabajo, tal y como debiera, consulte con nuestros abogados, pues a lo peor, estamos ante un caso de negligencia profesional, y habrá que depurar responsabilidades.

teléfono de urgencias.

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En muchas ocasiones, el cliente viene al despacho diciendo que se ha sentido estafado por su abogado, engañado, que le miente, que ha perdido un juicio por su culpa. Vienen enfadados y quieren “hacer algo”. Elevar una queja, presentar una demanda, etc.

¿Qué se puede hacer ante esto? ¿Qué opciones tienes como cliente perjudicado? ¿Puedes recuperar el dinero que estimas haber perdido por culpa de tu abogado anterior? En este despacho son bastantes los casos de este tipo que hemos decidido llevar.

Ante todo, como en cualquier otro asunto, primero hay que estudiar la viabilidad. En estos casos, debemos verificar que, efectivamente, ha habido una falta de ética, incluso que existen prácticas que puedan ser claramente delictivas. En otros casos hubo una negligencia importante, una deficiente adecuación a las lex artis (reglas del oficio).

Nos ceñiremos a la responsabilidad civil por negligencia: mi abogado lo hizo francamente mal, se perdió el caso por su deficiente desempeño profesional: se le pasó un plazo, se equivocó de estrategia, se le olvidó presentar unos documentos esenciales como prueba, etc.

Son 4 los puntos que deberemos poder acreditar:

Relación contractual entre el cliente y el abogado

Incumplimiento de la diligencia exigible al abogado.

Existencia de un daño real y efectivo.

Nexo causal entre la negligencia y el daño producido.

Nunca es plato de buen gusto demandar a otro abogado. No se trata de corporativismos, de defendernos unos a otros. Son asuntos que tratamos con especial delicadeza: debemos ser muy prudentes antes de poder decir que un abogado (lo mismo es aplicable a un médico) ha obrado con negligencia. En muchas ocasiones, el cliente no acepta haber perdido un caso, no entiende que el juez haya fallado en su contra estando todo “tan claro”. En otras ocasiones, el error del abogado fue tan flagrante que hay que ponerse manos a la obra. Pero debemos la obligación de intentar que el cliente que llega “en caliente” analice la cuestión con frialdad, algo muchas veces imposible.

En cualquier caso, como cliente debes recibir perfectas explicaciones acerca de dónde está el error o la negligencia, qué hace falta probar, qué posibilidades existen de ganar el caso. Que no te lleves nuevamente a engaño y pide que se te explique cómo se desarrolla un asunto de este tipo y qué entiende la jurisprudencia por negligencia profesional del abogado. Aquí te lo contamos por si acaso. (Denunciar a un abogado de oficio).

Lo primero que debes saber es que el abogado (y esto sirve para que entienda su caso anterior y el que ahora tiene entre manos contra su anterior abogado) no se responsabiliza del resultado de un procedimiento judicial. Debe poner todo su conocimiento y experiencia al servicio de tu asunto, pero esto no garantiza de por sí el resultado. Por ello, debe haber algo más que un fallo judicial que te perjudique para reclamarle una negligencia.

La relación que se establece entre tu abogado y tú es la del contrato de prestación de servicios que define el artículo 1544 del código Civil. Implica un deber de cumplir con lo encomendado y un deber de fidelidad (que deriva del artículo 1258 C.Civil). Presupone la preparación profesional adecuada y su correcto cumplimiento del arte u oficio que se desempeña: lo que se llama lex artis. Se trata, como hemos adelantado, de una prestación de medios y no de resultado: el resultado final depende de un tercero (el juez o tribunal) y el abogado, claro está, se compromete a dar lo mejor de sí, no a que un tercero termine decidiendo en un sentido o en otro. Es la diferencia entre –perdón por el latinajo- “locatio operatum” y “locatio operis”. En la primera, el caso de los abogados, contratas un servicio (un medio para conseguir algo), no suscribes un contrato para la obtención de un resultado (esto sería si fueses a pagar por la construcción de una piscina, donde lo que importa es el resultado).

Cosa distinta es que la viabilidad del asunto sea casi nula o escasa, y el abogado no te haya advertido de esto. Cuando un cliente se empeña mucho en llevar a alguien ante los tribunales pese a habérsele insistido en que hay poco o nada que hacer, conviene dejar esto reflejado en la hoja de Encargo Profesional; es normal que el abogado quiera dejar constancia de que estás avisado. El cliente debe estar atento a lo que le dice su abogado en este sentido, y no llevarse a engaño porque, en caliente, no se resigna a que no se pueda hacer nada. Si no, habrás sentido con razón que te han embaucado para captarte como cliente y cobrarte por un asunto de escasa viabilidad.  Y eso es contrario a las buenas prácticas, como veremos más adelante.

La obligación del abogado se entenderá cumplida salvo que se demuestre que el profesional no ha aportado los medios para conseguir el resultado buscado (Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de febrero de 2002).

Así que si has perdido un juicio, sin más, y pretendes emprender alguna acción contra el abogado, debes saber qué se entiende exactamente por negligencia ahora que sabemos que no se trata simplemente de un mal resultado. Una vez tengamos esto claro, podremos basarnos en el artículo 1101 del Código Civil, en cuanto a la obligación de indemnizar de daños y perjuicios por parte del abogado por un incumplimiento del que se derive una responsabilidad, ya que así lo disponen también el artículo 442 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y  el Estatuto General de la Abogacía que, en su artículo 78.2, reza lo siguiente:

“Los abogados en su ejercicio profesional, están sujetos a responsabilidad civil cuando por dolo o negligencia dañen los intereses cuya defensa les hubiere sido confiada, responsabilidad que será exigible conforme a la legislación ordinaria ante los Tribunales de Justicia, pudiendo establecerse legalmente su aseguramiento obligatorio”. (Denunciar a un abogado de oficio).

Habla el Tribunal Supremo (STS de 28 de diciembre de 1998) del “deber de ejecución óptima del servicio contratado, que presupone la adecuada preparación profesional y el cumplimiento correcto”. Si ello “no se ejecuta o se hace incorrectamente, se produce el incumplimiento total o el cumplimiento defectuoso de la obligación que corresponde al profesional”. Esta ejecución óptima requiere una diligencia alta, también recogida en el artículo 53 del Estatuto General de la Abogacía. Cuando se habla de diligencia, de ejecución óptima, de lex artis, se habla de reglas técnicas de la especialidad  del abogado, comúnmente admitidas y las particulares circunstancias del caso. Así, “los cánones profesionales recogidos en su Estatuto y que sirven de buena y estricta media de su actuación” (STS de 4 de febrero de 1992).

No existe una lista cerrada de qué debe hacer un abogado ante cada caso concreto, como es lógico. Pero además de lo recogido en el Estatuto General de la Abogacía y en el Código Deontológico, algunas cosas, muy generales, se dicen por la jurisprudencia: informar de “pros y contras”, riesgo del asunto o conveniencia o no del acceso judicial, costes, gravedad de la situación, probabilidad de éxito o fracaso, lealtad y honestidad en el desempeño del encargo, respeto y observancia escrupulosa en Leyes Procesales… Claro que esto ayuda poco cuando lo que se intenta es saber si en un caso concreto, el que trae el cliente, el abogado ha sido negligente. Esto implica revisar el procedimiento perdido, ver dónde están los errores, si los hay, qué debía haberse hecho y que se hizo realmente. Nos metemos aquí en una casuística complicada, al caso por caso, estudiando bien no sólo este asunto -el de demandar a un abogado-, sino también el asunto anterior -el que se perdió y por el que se pretende reclamar una responsabilidad-. (Denunciar a un abogado de oficio).

Debe acreditarse, también, que el daño provocado al cliente tiene su causa en esa falta de diligencia.  Quizá el abogado haya cometido alguna negligencia, pero el caso no se haya perdido por eso en absoluto. Evidentemente, si por ejemplo se le ha pasado un plazo y no ha podido contestar a tiempo una demanda, la causa es muy clara. En otros casos, no lo es tanto. Probado este nexo causal entre la conducta del abogado y el daño, nacerá la responsabilidad del abogado y, por lo tanto, la obligación de reparar dicho daño.

Para emprender estas acciones, como vemos, deberemos presentar una demanda: por lo tanto, iremos por la vía civil (no es una denuncia, que iniciaría la vía penal: los medios de comunicación a menudo emplean incorrectamente estas dos palabras, como si fueran sinónimos).

Esto significa que, por ser el motivo de la demanda la responsabilidad contractual, el plazo que tenemos para interponer la demanda contra tu abogado anterior es de 15 años. Se trata del plazo general de las acciones personales del art. 1964 CC, Para reclamar una deuda derivada de un contrato de prestación de servicios tenemos ese amplio plazo.

 Queda, por último, algo de crucial importancia: ¿qué daños y perjuicios se reclaman? ¿Podríamos recuperar lo perdido por su negligencia?

Los abogados tenemos un seguro de responsabilidad, que suscribimos cuando no colegiamos. Después podemos ampliarlo o suscribir otro más. Cuando se decide demandar al letrado que nos hizo una faena porque se le pasó un plazo o porque no asistió a la vista del juicio que tenías pendiente y quedaste desamparado, hasta una determinada cantidad se hace cargo ese seguro que tenga suscrito. Lo demás, lo pondrá de su bolsillo.

Los daños y perjuicios que te ha ocasionado pueden ser de dos tipos:

a) Económicos (materiales). (Denunciar a un abogado de oficio).

b) Morales. (Denunciar a un abogado de oficio).

Esto no es nada sencillo: se trata de una cuestión teórica con consecuencias procesales, no estamos diciendo que a los daños materiales podamos, además, sumar unos daños morales. Veamos. (Denunciar a un abogado de oficio).

Si no has podido defender tu derecho porque a tu abogado se le ha pasado el plazo o porque se le olvidó presentar un documento importantísimo, por poner dos ejemplos comunes, se produce un daño y hay una relación entre ese daño y la negligencia de tu abogado. Pero en principio nada hace suponer que, de no ser así, hubieras ganado el juicio. Digo en principio, porque la otra parte puede haber dicho que sí, que existe una deuda (quizá menor de la reclamada) pero que la acción ha caducado. Pero en general estaríamos haciendo un pronóstico que no podemos hacer, al estar en terreno futurible: “qué hubiera pasado si”.

Muchas veces la queja viene porque el abogado no ha recurrido, pudiendo haberlo hecho. Aquí se trata de algo mucho más incierto todavía, pues nada garantiza que un recurso prospere y, en general, el abogado, por su experiencia, prefiere  no recurrir algo que sabe que va a perder, ahorrando así un dinero al cliente. (Denunciar a un abogado de oficio).

Un inciso: aquí es importante la buena comunicación con el cliente. Muchas veces el cliente no se resigna a haber perdido el asunto que tanto le ha estado preocupando o indignando, y dice querer recurrir a toda costa, como si un recurso fuese pedir una segunda opinión o empezar de cero, y sin pensar en que puede salir perdiendo más todavía. Y, como cliente, que confíes en el criterio de tu abogado: piensa que está deseando trabajar y que si te dice que no hay muchas probabilidades, muy seguramente está protegiéndote de un gasto innecesario en vez de cobrarte por algo que sabe que está perdido).

En este dilema (si podemos estimar lo futurible como cierto o no, es decir, si es un daño material –objetivo- o moral -subjetivo-) se debate la jurisprudencia, aunque hay algunas cuestiones que se tienen como ciertas. Sí parece haber cierta tendencia consolidada a establecerse que “lo que se indemniza no es la mera expectativa patrimonial sino el daño moral causado por la privación del derecho a la tutela judicial, causado por su negligencia que ha de ser indemnizado, aún cuando, como en el presente caso fuese muy remoto” (Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 1ª, de 27/10/2011) y, en el mismo sentido,  STS de 20 de mayo de 1.996, 29 de mayo de 2.003, 26 de enero de 1.999, 8 de febrero de 2.000 y 8 de abril de 2.003.

Ante una omisión del abogado, entenderemos que ha cumplido con sus obligaciones y deberá probar que ese daño sufrido por el cliente no fue debido a su actuación, debiendo justificar su conducta. Aquí se aplica un principio del derecho civil en relación con los contratos, y es que “cuando se produce un incumplimiento de la obligación se presume que lo ha sido por culpa del deudor”. Aquí  no se trata de si se ha incumplido o no, se da por hecho que se ha incumplido: el repetido caso del plazo que se deja pasar para interponer una demanda, siendo que el cliente le había llevado el asunto con tiempo suficiente, es un clásico y el más fácil de comprender. (Denunciar a un abogado de oficio).

Si resaltamos la diferencia entre daño económico (o material o patrimonial) y daño moral es porque, a la hora de obtener un resarcimiento, una indemnización, si hablásemos de daño material, podríamos reclamar la integridad de lo que se ha perdido por su actuación. Cuando, en cambio, se estima que es un futurible y que nada garantizaba haberse ganado el juicio si todo se hubiese llevado correctamente, hablaríamos de un daño moral y, por lo tanto, la cuantía de la indemnización es se calcula en base al valor que se da no a lo perdido (¿de verdad se hubiera ganado? ¿Tenemos la certeza? La respuesta sería negativa) sino al hecho de haber sido privado, como cliente, del derecho a la tutela judicial. Esta es la postura mayoritaria de la jurisprudencia salvo en determinados casos muy evidentes, pues no puede admitirse, como decimos, como cuantía de la reclamación una especulación sobre el hipotético resultado incierto del juicio. Esos casos evidentes consisten en la prueba irrefutable de haber perdido un cierto, reconocido y determinado,

Hay que decir que, en la práctica, la mayoría de los casos no son de este tipo: el cliente tiene una queja sobre su abogado anterior y percibe que podría haberse hecho “algo más”, que “se perdió el caso por su culpa”, que “decidió no recurrir y ni me consultó”. Esta pérdida de oportunidad se debe cuantificar de alguna manera, y se hace en función de las probabilidades sobre el eventual éxito está claro que debe hacerse caso por caso. Puede el juez estimar que, en efecto, las probabilidades de ganar eran prácticamente nulas y desestimar íntegramente la demanda o, lo que es más habitual, reducir prudencialmente la indemnización en función de esas probabilidades de éxito. (Denunciar a un abogado de oficio).

El post ha sido quizá demasiado largo, pero espero que te haya sido de utilidad. No dudes en ponerte en contacto con nosotros si crees que, como dice el título del post, de algún modo tu abogado te ha tomado el pelo o ha actuado con negligencia. (Denunciar a un abogado de oficio).

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